Hace 40 años una muy buena amiga se fue de misionera al Salvador. Yo era joven y para mi fue una referencia grande. Nos escribíamos. Estaba comprometida en Chalatenango y lugares en los que el compromiso por la justicia y los pobres era el pan de cada día. Conoció y amó a Mons. Romero y ayudó enormemente a que los pequeños, los campesinos tuvieran su lugar en el mundo y en la Iglesia. ¡Se mojó de verdad en el barro! Su fortaleza siempre ha estado en el Señor Jesús.

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