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El tesoro más grande que nos dejó: LA EUCARISTÍA.
Cada semana la preparábamos por grupos, Triturábamos la Palabra, si vale la expresión, compartíamos lo que cada uno había orado durante la semana, lo que en el momento le inspiraba el Señor y así cuando llegábamos a celebrarla el Domingo íbamos con alegría.
No creas que éramos gente muy erudita. Éramos una comunidad de pobres: unos con más posibilidades económicas que otros, como la vida misma, pero, con un deseo de Dios y de compartir con los que más lo necesitaban grande. MANOLO iba siempre por delante con su manera de ser.
Sabemos que Manolo es un hombre de Dios y que ya goza de la alegría plena de los santos.
A los pocos meses de morir, una persona de la comunidad pescó el mismo tipo de cáncer agresivo que el de él. No sabemos cómo pero estando en pleno tratamiento de quimio dijo que no seguía. Hay pasado varios años y sigue vivo. Yo digo que entre él y su amigo Antonio Beduar le están acompañando desde el cielo.
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